Los resultados abren la posibilidad de reducir la gravedad de la adicción y el sufrimiento psicológico de los afectados gracias una dosis individualizada de buprenorfina-naloxona

FUENTE: Agencia SINC

 

La heroína representa actualmente el mayor porcentaje de nuevas demandas de tratamiento relacionadas con el consumo de opioides, y sus consecuencias son graves tanto para la salud como social y psicológicamente.

Hasta hace poco más de ocho años, la metadona era la única opción farmacológica aprobada en España para el tratamiento de los pacientes con trastorno por consumo de heroína.

Hoy en día también existe un tratamiento basado en la combinación de buprenorfina y naloxona. Sin embargo, estudiar el ajuste de las dosis y la satisfacción de los pacientes aún es clave para la mejora y la efectividad de los tratamientos.

Un trabajo reciente, publicado en Drug and Alcohol Dependence, ha identificado por primera vez perfiles de pacientes en estos nuevos tratamientos. Los resultados refuerzan la necesidad de terapias de mantenimiento de opioides individualizadas.

“Nuestro trabajo permitió identificar que los pacientes tratados con diferentes enfoques de dosificación de buprenorfina pueden beneficiarse de los resultados positivos de los tratamientos de mantenimiento, como menor sufrimiento psicológico y menor gravedad de la dependencia de la heroína”, asegura Esperanza Vergara, coautora del trabajo e investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Los investigadores estudiaron a 316 pacientes de 16 centros españoles que recibían tratamiento de mantenimiento con buprenorfina-naloxona y que se encontraban en fase de estabilización de este tratamiento.

Perfiles de pacientes

Los pacientes fueron agrupados en diferentes grupos basados en tres indicadores clave del tratamiento con buprenorfina: dosis, adecuación según el médico y ajuste según el paciente.

Así se identificaron cuatro grupos de pacientes consumidores de buprenorfina: 1) Clínicamente adecuado y ajustado a la dosis baja deseada por el paciente; 2) Clínicamente adecuado y ajustado a la dosis alta deseada por el paciente; 3) Reducción de dosis baja clínicamente adecuada y deseada por el paciente, y 4) Clínicamente inadecuado y ajustado a la dosis moderada deseada por el paciente.

Los resultados mostraron diferencias significativas entre los grupos de pacientes con respecto al nivel, la adecuación y el ajuste deseado de la dosis de buprenorfina. “Además, encontramos un grupo único de pacientes que recibieron una dosis de buprenorfina clínicamente inadecuada, que se caracterizó por la condición clínica más deficiente”, apunta Vergara.

En comparación con los demás pacientes, los participantes del cuarto grupo informaron un consumo más frecuente de heroína y cocaína durante la semana anterior del estudio, menor satisfacción con buprenorfina-naloxona como medicamento, mayor prevalencia de efectos adversos y menor adaptación psicológica.

Los otros tres grupos mostraron mejores resultados clínicos. “Esto respalda la idea de que los pacientes tratados con diferentes enfoques de dosificación de buprenorfina pueden beneficiarse de los resultados positivos de los tratamientos de mantenimiento con este fármaco”, afirma la investigadora de la UNIR. “Nuestros datos refuerzan la necesidad de tratamientos de mantenimiento de opioides individualizados”, resalta.

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