En el Día Mundial del Asma (7 de mayo), expertos abogan por un paciente más informado y que haya más investigación sobre las causas de la patología.

FUENTE: Correo Farmacéutico

El 7 de mayo se celebra el Día Mundial del Asma, impulsado por la Iniciativa Global para el Asma (GINA), bajo el lema Stop. Que el asma no te pare. Este año se ha recurrido a la palabra Stop, compuesta por las siglas de una serie de palabras que dan las claves de cómo se puede parar o controlar el asma: S, de síntomas (que hay que valorar); T, de testar la respuesta que se obtiene con la medicación y medidas ambientales; O, de observar y evaluar al paciente de forma continuada,P, de proceder a ajustar el tratamiento y las medidas de control ambiental.

Con motivo de esta celebración, este periódico ha hablado con expertos que coinciden en señalar que el conocimiento de los factores desencadenantes de las crisis asmáticas, de cómo impacta el ejercicio físico o la alimentación en la enfermedad o del manejo de los inhaladores es imprescindible para que los pacientes puedan controlar su patología.

También son necesarios más estudios para averiguar qué nuevas causas pueden provocarla y desencadenar una exacerbación. Precisamente, la semana pasada se dio a conocer un trabajo liderado por el Grupo de Investigación en Neumología del Valle de Hebrón, perteneciente al Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Respiratorias, que revela que existen evidencias tanto a nivel epidemiológico como molecular de que la contaminación con partículas diésel no sólo agrava el asma, sino que la puede causar, especialmente en los niños.

Posteriormente, estudiaron si a nivel molecular también se podía explicar cómo pueden desencadenar el asma, comprobando que aumentan el estrés oxidativo dentro del pulmón. “Si se inhalan pequeñas cantidades los pulmones son capaces de activar mecanismos defensivos para evitar el estrés oxidativo, pero al inhalar grandes cantidades estos mecanismos son insuficientes y las partículas diésel logran romper el epitelio bronquial, provocando procesos inflamatorios, alteraciones en el sistema inmune (activación de los linfocitos TH2 y TH17) y asma”, comenta María Jesús Cruz, jefa del Grupo de Investigación en Neumología del Valle de Hebrón. Las partículas diésel por sí solas tienen un efecto en el organismo, pero también contribuyen a que otros alérgenos sean más nocivos, es decir, que aumentan los procesos alérgicos relacionados con el asma.

Muchos tipos de asma

Germán Linares, del Centro de Información del Medicamento del COF de Valencia, recuerda que los factores desencadenantes del asma pueden ser tanto ambientales (polución, polen, ácaros, tabaco…) como laborales (alérgenos de la industria farmacéutica, química, alimentaria, etc.) o sistémicos(fármacos, alimentos, picaduras de avispa o abeja). Por todo ello, Joan Serra, neumólogo y miembro del Área de Asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), afirma: “Hay muchos tipos de asma y podríamos decir que en cada paciente es distinta”.

El experto añade que hay medicamentos, “como la aspirina, que también puede provocar crisis de asma”.

Para Serra, la mejor forma de prevenir una crisis de asma “es que el propio paciente conozca bien su enfermedad y evite los desencadenantes de las crisis, así como cumplir con la medicación indicada”.

Según la rapidez de instauración de las crisis, explica Linares, existen dos tipos: las de instauración lenta(días o semanas) y las de instauración rápida (en menos de tres horas). Así, tienen causas, patogenia y pronóstico diferentes. “Las de instauración lenta suelen ser consecuencia de infecciones de las vías respiratorias altas o a un mal control de la enfermedad por incumplimiento terapéutico; sin embargo, las de instauración rápida son debidas a alérgenos inhalados, fármacos o alimentos a los que el paciente es alérgico”.

Medicación de rescate

A la que se nota un empeoramiento de los síntomas –tos, disnea o “pitos–, “el paciente debe recurrir a su medicación de rescate y/o aumentar su medicación habitual. Si con ello no se controla, debe acudir a su médico o a Urgencias”, comenta Serra.

En esta misma línea se manifiesta Linares, apuntando que “para evitar una crisis conviene cumplir con el tratamiento establecido en el caso de crisis de instauración lenta y evitar la exposición a los factores que desencadenen una respuesta alérgica en el caso de una de instauración rápida”.

Aunque la vía inhalatoria es la elección para el tratamiento del asma, ya que actúan directamente en el pulmón y proporciona una respuesta rápida y escasos o nulos efectos sistémicos, no está exenta de dificultades. Y es que, el principal inconveniente, como apunta Linares, “es la dificultad de la técnica de inhalación con los diferentes dispositivos”.

En el caso de los presurizados se necesita de una correcta coordinación entre la inhalación y la pulsación. El uso de cámaras de inhalación evita este problema, mejora la distribución y la cantidad de fármaco que llega a los pulmones, “pero únicamente se puede utilizar en dispositivos de nebulización, siendo imposible su empleo con dispositivos de inhalación de polvo, ya que precisan de un flujo respiratorio adecuado por parte del paciente”.

Para Serra, “la mejor manera de valorar la técnica es que en las consultas médicas o incluso también en las oficinas de farmacia, el paciente demuestre cómo realiza las maniobras de inhalación”. En estos casos, la educación sanitaria sobre la utilización de esta forma farmacéutica desde farmacia comunitaria es totalmente necesaria, eso sí, Serra recuerda que los profesionales sanitarios (médicos, enfermeras, farmacéuticos) necesitan “tiempo para posibilitar un mejor cumplimiento de la medicación” por parte de los enfermos.

Consejo para mantener el asma a raya

  • Tomar todos los días la medicación, incluso aunque no haya síntomas.
  • Usar bien el inhalador. Siempre se debe abrir el dispositivo, prepararlo (agitarlo, rotarlo o cargarlo), vaciar los pulmones de aire, bloquear la respiración, colocar el orificio del inhalador en la boca, inhalar a fondo, contener la respiración de cinco a diez segundos y volver a respirar con normalidad. En el caso de los bebés o niños pequeños, existen cámaras de inhalación para facilitar que lleven a cabo adecuadamente este proceso. Por último, si el medicamento contiene corticoide, enjuagarse la boca al terminar.
  • No dejar el tratamiento por su cuenta.
  • Consultar siempre al médico antes tomar nuevos fármacos y no automedicarse e informar de nuevas prescripciones que otros especialistas hayan podido indicar.
  • Aprender a reconocer y actuar en las crisis (a veces es necesario un medidor de flujo espiratorio).
  • Realiza ejercicios respiratorios habitualmente. Los ejercicios de fisioterapia pueden ayudar a controlar la respiración y la ansiedad cuando llegue una crisis. Si ésta se produce, hay que tomar la medicación, buscar una postura cómoda -generalmente, sentado con los brazos apoyados en una mesa o barandilla-, relajarse, sacar el aire con los labios fruncidos y respira sin ansiedad, sirviéndose del abdomen.
  • No fumar y alejarse de los ambientes con humo.
  • Evitar los alérgenos.
  • Sí al deporte, pero con precaución.
  • Al viajar llevar siempre consigo sus medicamentos habituales, el plan de acción por escrito que ha elaborado con su médico y los fármacos que pueda necesitar en caso de empeoramiento o crisis.

Fuente: Cinfa.

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