Los médicos advierten de los peligros de la salinidad para la salud humana

FUENTE: La Razón

El agua de mar o ‘agua milagrosa’ se ha puesto muy de moda durante los últimos años entre los alternativos que consideran que es un producto que aporta lo que el agua dulce es incapaz de proporcionar. Muchas empresas se aprovechan llegando a comercializar un brick de agua marina embotellada de un litro por dos euros. Esto ha hecho saltar todas las alarmas en la comunidad científica que ha advertido del peligro y de lo que supone su consumo para la salud humana, llegando a causar deshidratación.

El primero en promocionar este tipo de “tratamiento” fue el médico francés Rene Quinton, que en el siglo XIX llegó a comercializar un bebedizo de agua de mar. En los últimos años han aparecido estudios que consideran ”muy satisfactorio” el consumo de agua de mar porque contiene los minerales necesarios para el buen funcionamiento de las células y restablecer las condiciones de homeostasis necesarias para que el organismo.

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En general sólo se puede consumir agua del mar si está correctamente microfiltrada en frío, por lo que se desaconseja la ingesta de agua de mar directamente de las playas proporciona beneficios para la salud. Sin embargo, el proceso de la homeostásis llega a un punto en el que, si se introduce demasiada sal, se produce el efecto inverso: las células empiezan perder líquido para diluir la alta concentración de sal en el cuerpo, provocando diarreas y deshidratación.

Contaminación por los plásticos

Además hay otros peligros: el consumo directo vía oral de agua de mar de las playas no cumple ningún protocolo de seguriadad y quienes realizan dicha práctica están expuestos a la alta contaminación química y bacteriológica, especialmente fecal, que afecta a las playas. Según la ONU cada año se filtran 13.000.000 toneladas de plástico al océano cada año, según los cálculos de la ONU. Aproximadamente el 80% de esa basura plástica llega desde la tierra, mientras que el 20% restante proviene de fuentes marinas, como los trozos de redes y otros aparejos abandonados en el agua por las flotas de barcos pesqueros, según la agencia de Medio Ambiente de la ONU.

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