En el abordaje del malestar no todo son fármacos: radiofrecuencia, psicoterapia, neuromodulación o acupuntura también tiene su papel.

FUENTE: La Razón

ocas cosas hay más desquiciantes que un malestar constante y prolongado en el tiempo, ya sea este neurológico, articular o de cualquier otro tipo.

A pesar de la alta incidencia del dolor crónico entre la población española (que oscila entre el 17-20%), las personas que sufren las consecuencias físicas y psicológicas de este problema suelen convivir con él durante largo tiempo, lo que acaba influyendo en todas las áreas de su vida. De ahí la importancia de su abordaje, a ser posible, más pronto que tarde.

El desarrollo en los últimos años de las llamadas Unidades del Dolor en nuestro país han hecho más accesibles nuevas técnicas con las que hacerle frente. Porque en el tratamiento del dolor crónico no todo son medicamentos. Si bien constituyen, la mayoría de las veces, la opción más elegida, lo cierto es que existen otras muchas para paliarlo.

Tiempo de cambios

Aunque de forma habitual la idea preconcebida que se tiene de estas unidades es la de un especialista que trata el dolor oncológico con morfina y que ayuda a “bien morir” en el momento actual el abordaje de estos pacientes representa menos del 10% debido al avance y mayor especialización de los oncólogos en este área.

De hecho, y como apunta David Abejón, director de la Unidad del Dolor de los Hospitales del Grupo Quirónsalud de Madrid, “el perfil del paciente que se suele tratar a día de hoy es uno con dolor crónico no maligno o no oncológico, y el tipo de  tratamiento no puede ni debe de ser sólo con fármacos opioides. Además existe en la actualidad una gran preocupación por la famosa “epidemia de opioides” que se está produciendo en Estados Unidos y Canadá”.

Así, en la mayoría de las Unidades de Dolor modernas participan profesionales sanitarios de diferentes especialidades relacionadas con el dolor, como en el caso de la que dirige el doctor Abejón, en la que trabajan: siete facultativos –uno de ellos bioquímico–, tres enfermeras, una psicóloga, una dietista y dos acupuntores. En ella se practica lo que se llama un abordaje multidisciplinar y que “debe emplearse en todos los pacientes en los que se inicia un tratamiento del dolor. El estudio del gabinete psicológico ayuda a saber y entender la naturaleza de la patología del dolor y tratar de forma adecuada los posibles desencadenantes emocionales del paciente. El manejo de la dieta y la actividad física o funcional es vital para una buena reincorporación a la vida habitual y a las actividades, no sólo profesionales, sino personales de los pacientes y, de esta forma, poder elegir que tratamiento es el más adecuado en cada caso y poder entender el porqué de la patología de nuestro pacientes, así como elegir que tipo de tratamiento es el más adecuado en cada caso determinado”, asegura Abejón.

Así, en la mayoría de las unidades se hace un estudio del dolor desde el inicio de la sintomatología y la aplicación de diversos tratamientos inter y multidisciplinares, además de la emocional y la física. “Los especialistas en el tratamiento del dolor emplean diversas técnicas intervencionistas, con inyecciones de medicación, también de radiofrecuencia en sus diversas modalidades, de técnicas de neuromodulación y haciendo hincapié en el tratamiento emocional con psicoterapia, “coaching” sanitario y diversas variantes de acupuntura y revisión de la dieta y ejercicio”, cuenta Abejón.

Resultados

Aunque es muy complejo poder hablar de forma global de un porcentaje de mejoría en estos casos por la dificultad que implica la medición del dolor, ya que la Ciencia aún no ha inventado un “dolorímero” que permita poder saber la eficacia de los diferentes tratamiento empleados. No hay que olvidar que el dolor es una “experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial”, tal y como lo define la Asociación Internacional para el Tratamiento y Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés), de ahí la dificultad.

En cualquier caso, y como asegura Abejón, “en aproximadamente un 30% de los casos la medicación no es eficiente. Y si pasamos a diferentes grupos de tratamiento, por ejemplo en la neuralgia del V par la respuesta favorable, mejoría del 50%, está cercana al 90%, como sucede en los pacientes con dolores en el hombro. En el caso del empleo de técnicas de neuromodulación en paciente con dolor postlaminectomía la mejoría del 50% se alcanza en cerca del 70%; a modo de resumen, podríamos decir que la práctica totalidad de los pacientes tratados en las unidades de dolor obtienen algún beneficio que no habían obtenido fuera del tratamiento especializado”.

En España

Pero, ¿está bien abordado el dolor crónico en España? En opinión de este experto adolecería de alguna deficiencia. “La primera y principal es la falta de una formación gubernamental específica, esto implica que pertenezca a otras especialidades y eso limite, por una parte, la formación y, por otra, la falta económica que recae sobre la especialidad madre. Esto es fácil de entender con un ejemplo: si un enfermo acude a Oftalmología con unas cataratas, el tratamiento en todos los servicios de esta especialidad sería la cirugía con una lente intraocular; si otro acude con una lumbalgia o un síndrome de dolor regional complejo a diferentes unidades los abordajes puedes ser de lo más diverso... Debemos garantizar una formación reglada que permita un tratamiento protocolizado. Otro grave problema que existe es la falta de recursos en muchas de las unidades que existen que, a pesar del interés de los profesionales, se ven limitados en los diversos presupuestos, siendo el abordaje del dolor lo que en gran medida persigue la sociedad actual, la mejoría de la calidad de vida. Aún así, gracias al esfuerzo de los profesionales el nivel de tratamiento es muy alto en España”, concluye.

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