El profesor de la Universidad Cardenal Herrera-CEU Gonzalo Haro forma parte de un panel de expertos que ha analizado las diferencias entre países en la receta y acceso a estos medicamentos.

FUENTE: Correo Farmacéutico

La adicción a los analgésicos opioides, grupo al que pertencen el tramadol, la morfina, la oxicodona y el fentanilo, es un problema de salud creciente en los países occidentales, aunque poco estudiado y reconocido. Estos fármacos son altamente adictivos al favorecer la liberación de endorfinas que amortiguan el dolor intenso y causan sensación de bienestar.

Por este motivo, en el encuentro en Londres del Opioid Analgesic Dependence Education Nexus (OPEN), celebrado hace cuatro años, seis expertos en tratamiento del dolor y siete especialistas en adicciones de diversos países (Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Finlandia, Francia, Italia, Alemania, Suiza y España), acordaron determinar un consenso internacional en torno a las medidas necesarias para frenar su abuso y evitar casos de adicción. Las conclusiones de estos años de trabajo se publican en Journal of Addiction Medicine.

Uno de estos expertos y el único español del grupo es Gonzalo Haro, profesor de Salud Mental en el Grado en Medicina de la Universidad Cardenal Herrera-CEU (CEU-UCH) de Valencia y responsable del Programa de Patología Dual Grave del Hospital Provincial de Castellón. “El consenso entre los especialistas es amplio a la hora de definir la adicción a los analgésicos opiáceos como problema emergente a nivel internacional, también en Europa”, resalta Haro.

Sin embargo, el trabajo conjunto de estos especialistas ha revelado las diferencias en la definición y el diagnóstico de la adicción a estos analgésicos entre países y que los límites en cuanto a su prescripción y acceso para evitar casos de adicción son muy diferentes según los países.

Diferencias en el acceso a opioides

“El estudio ha permitido confirmar que el acceso a estos fármacos está estrictamente limitado en algunos países como España, mientras que en otros es prácticamente libre, por lo que son necesarias futuras guías de aplicación internacional para la prescripción de estos medicamentos, que establezca límites a la duración del tratamiento y a los casos en los que su prescripción es recomendable”, señala el experto.

A este respecto, insiste, “España puede servir de ejemplo a otros países, ya que la regulación de la prescripción ha frenado la epidemia, y existe un acceso al tratamiento rápido y especializado para los pacientes que desarrollan la adicción a los opiáceos analgésicos”.

Fentanilo

Dentro del grupo de estos analgésicos destaca por la alarma que genera el fentanilo, especialmente en sus presentaciones de liberación rápida. “Es un opiáceo muy potente y por ello muy adictivo, pero además, por absorberse rápido, cada vez se necesita más”. Cuando un paciente con un problema de adicción al fentanilo es remitido desde las unidades del dolor “se le trata el dolor como corresponde, enfocado a la causa, y se cambia a otro opiáceo menos potente y de liberación más retardada”. La alternativa principal, explica, es la combinación de buprenorfina/naloxona, que además, señala, no tiene potencial de abuso.

Haro aclara que para que se produzca una adicción a opioides tienen que concurrir una mala prescripción y una susceptibilidad individual. “En algunos casos, el mal diagnóstico y tratamiento del dolor hace que se prescriban opiáceos, que no curan la causa del dolor sino solo lo palían. Y dentro de estos pacientes, hay un grupo que tiene un predisposición genética a desarrollar adicciones, que sabemos porque tienen antecedentes familiares o personales”.

El filtro del médico y el farmacéutico

“Dado que los opiáceos están considerados estupefacientes, con riesgo de abuso, dependencia e incluso tráfico de sustancias, tienen un acceso muy restringido. Sólo se pueden obtener con receta médica. Y mi valoración es muy positiva porque siempre habrá un médico que vele por impedir su abuso”, explica Gonzalo Haro, profesor de  la Universidad Cardenal Herrera-CEU (CEU-UCH) de Valencia y responsable del Programa de Patología Dual Grave del Hospital Provincial de Castellón.

Por otra parte, señala que la receta electrónica permite el seguimiento de los pacientes y las prescripciones, mientras que en la farmacia también hay un control sobre las recetas en papel, que deben ser especiales.

Estas barreras contrastan con otros países, especialmente Estados Unidos, en el que se pueden obtener medicamentos en centros no farmacéuticos, como supermercados. “Esto impide el filtro del médico y del farmacéutico, e impide el registro de prescripciones que ayuden a detectar a pacientes que hayan desarrollado dependencia e incluso prescriptores que estén recetando de más”.

Haro considera esta situación como la principal causante de la epidemia de adicción a estos analgésicos en este país, “y no la publicidad en los medios de comunicación sobre sus virtudes, que además en España está prohibida”.

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