La primavera cálida y lluviosa duplica la «Hyalomma», que transmite una fiebre hemorrágica, mientras que el mosquito tigre ha crecido un 70% sobre 2018.

FUENTE: ABC

Son cazadoras, muy rápidas y casi invisibles. Esperan enterradas en el campo y salen al detectar la respiración de su presa. Incluidas personas. Y aunque la picadura de las garrapatas sea a veces imperceptible, puede acarrear serias consecuencias. Existen 30 especies de estos artrópodos asentados en España, pero hay dos que preocupan especialmente. Son las del género Hyalomma, que transmiten la fiebre hemorrágica Crimea-Congo. Y este año se han reproducido como chinches. Las primeras estimaciones apuntan a que su población, cuanto menos, se ha duplicado. Ha ocurrido igual con otros insectos transmisores de enfermedades como el dengue o el zika. Las observaciones de mosquito tigre son este año un 70% mayores respecto a 2018, que hasta ahora era el año con más insectos observados al inicio de la temporada.

La culpa no necesariamente está en el confinamiento, sino en el clima. Los primeros cinco meses de 2020 han sido los más cálidos desde el comienzo de la serie de datos de la Agencia Estatal de Meteorología en 1965. Se ha complementado con una primavera muy lluviosa, la quinta más húmeda de este siglo. Unas condiciones ideales para la supervivencia y reproducción de muchos insectos.

«Hay un boom notabilísimo este año de garrapatas del género Hyalomma con respecto al anterior y a 2018», explica Francisco Ruiz Fons, miembro del Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio) del IREC-CSIC. Siendo conservador, apunta a que el crecimiento ha sido de más del doble respecto a años anteriores. Tampoco en todas las zonas de España será igual: dependerá de las características del terreno, de si hay animales silvestres que sirvan de hospedadores (como el ciervo o el jabalí) o de la presencia de ganado y de si este es sometido a tratamientos antigarrapatas. Pero en diez días de trabajo de campo en los Montes de Toledo y algunos puntos de Ciudad Real su grupo ha capturado 2.800 garrapatas adultas. «En años anteriores hemos cogido diez veces menos», cuenta Ruiz Fons.

Nuevo caso Crimea-Congo

Con esta explosión de población, para el experto era cuestión de tiempo que surgiera un nuevo caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo transmitida por una de estas garrapatas. Se dio en junio, en Salamanca. Hubo un afectado y nueve personas quedaron en observación, tras haber estado en contacto con el infectado. Es el quinto caso que se registra en España desde 2016. Aun así, ha habido suerte. El pico de actividad de estas garrapatas se da en primavera, que ha caído este año en pleno confinamiento, por lo que la exposición de las personas se ha reducido considerablemente. Pero aún queda por delante todo el verano y «las garrapatas están ahí fuera», avisa Ruiz Fons. «El problema no solo es que haya nuevas especies, sino que hay un aumento de infecciones muy importante por garrapatas. Y a veces no se reconocen bien los patógenos», corrobora Óscar Soriano, entomólogo del Museo de Ciencias Naturales.

La temporada también comenzó «animada» para las poblaciones de mosquito tigre en España, un importante vector transmisor de enfermedades como el dengue, el chikungunya o el zika, y que se ha asentado en buena parte de la mitad este peninsular. Las observaciones recogidas por Mosquito Alert, un proyecto de ciencia ciudadana coordinado por diferentes centros de investigación públicos, confirman que la primavera de 2020 ha registrado el mayor número de mosquitos tigre de los últimos 5 años. En este caso, además de un clima favorable, sí podría haber influido el confinamiento, que ha impedido el cuidado de segundas residencias en el litoral mediterráneo y donde estos insectos podrían haber encontrado la oportunidad ideal de reproducción en pequeños charcos y jardines descuidados.

«Podemos esperar que si la temporada ha empezado con poblaciones animadas, se mantengan animadas», explica Frederic Bartumeus, investigador del CREAF, el CEAB-CSIC y director de Mosquito Alert. El pico de actividad este insecto que se ha adaptado a la perfección a las ciudades españolas llega en agosto. Pero con un verano que se alarga en cuanto a temperaturas, se mantienen activos hasta noviembre. «El año pasado, el 24 de diciembre teníamos avisos de mosquito», cuenta el biólogo.

Pese al aumento, Bartumeus apunta que, al menos este año, el riesgo de contraer enfermedades como el zika o el dengue en España no debería ser mayor. Falta el segundo factor indispensable para que se dé la transmisión: tener personas infectadas, procedentes de países donde estas enfermedades son endémicas. «Si hay restricciones de movilidad, la expectativa es que el riesgo, independientemente de que tengas más mosquitos, disminuya por la disminución de casos importados», cuenta el investigador. Pero matiza: «Hablamos de probabilidades, no significa que no pase. El riesgo cero solo existía cuando no había mosquito tigre».

Viajan en coche

Además, la distribución de este mosquito invasor ya no se limita al Levante. Han sido detectados en Madrid o País Vasco. En el CREAF sospechan que viaja a bordo de los coches. Su naturaleza no les impulsa a realizar vuelos largos, pero sí se sienten atraídos por las tapicerías oscuras y el CO2. «Se sabe que su avance va siguiendo las carreteras», cuenta Bartumeus. Un estudio realizado en Barcelona detectó que 5 de cada 1.000 coches que circularon en verano en el Área Metropolitana transportaban uno de estos insectos. En número absolutos: entre 12.000 y 71.000 coches cada día llevaban un mosquito tigre como pasajero.

El futuro inmediato es difícil de valorar. La tendencia de la primavera no se puede extrapolar al verano, ya que su reproducción depende en gran medida de la disponibilidad de agua. Para las garrapatas del género Hyalomma ocurre algo similar. «Los cambios de poblaciones son muy drásticos, y este año han sido condiciones muy favorables», reconoce Ruiz Fons. Y aunque por ahora puede haber una generación de animales con muchas garrapatas, si el verano es muy cálido y seco, mermará la superviviencia de las garrapatas. Como destaca Soriano, «habrá momentos en los que haya problemas de plaga y otros de convivencia». Eso sí, las que hoy llegan a España encuentran un ambiente y clima propicio para su desarrollo. «Y ese es el problema», dice Soriano, porque «llevar a la extinción una especia alóctona es casi imposible».

Un invasor del Japón se expande por el norte

Su nombre es Aedes japonicus o mosquito japonés. De la misma familia que el tigre, se detectó por primera vez en España en 2018, en Asturias, y cada vez hay más indicios de que se ha expandido y podría estar, al menos, en Cantabria. «Nos han ido llegando fotos en lugares cada vez más lejanos del punto original», dice Frederic Bartumeus, quien ha podido rastrear su expansión en Mosquito Alert. «Esperamos que aparezcan en provincias colindantes», reconoce. El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias está haciendo el seguimiento, ya que este invasor asiático es capaz de transmitir las mismas enfermedades que el tigre, como el zika o el dengue, así como el virus del Nilo Occidental y, además, se adapta mejor a las condiciones climáticas de la península: soportan mejor el frío y les gustan las zonas de bosque y pasto. «La zona norte es bastante ideal».

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