Son refrescantes y nutritivos si elegimos aquellos con ingredientes de calidad.

FUENTE: ABC

El helado es uno de esos alimentos que asociamos a momentos felices: vacaciones, buen tiempo, un paseo nocturno frente al mar... y, como todo lo que es delicioso, también a engordar. Aunque esto es una verdad a medias. Porque si bien es cierto que son productos con grasas y azúcares, que debemos tomar con moderación, su valor energético es medio e «inferior al considerado como valor umbral (300 kcal/100 g), por tanto no se justifica la percepción de muchos consumidores que consideran los helados como productos altamente calóricos», apuntan los expertos en nutrición autores de «El libro blanco de los helados», coordinado por la profesora María Carmen Vidal, doctora en Farmacia y catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona.

Además, señalan en el mismo informe, un helado que tenga como ingrediente base la leche (helados de crema, helados de leche) presenta un valor nutritivo significativo, ya que contiene calcio y proteínas de alto valor biológico. Entonces, ¿podemos comer helado a diario? «Dentro de una dieta suficiente y saludable, podemos pemitirnos su consumo una vez o dos a la semana, en una ración de 80-100 gramos. Lo importante es que los ingredientes sean de calidad y que podamos comprobarlo en el etiquetado», señala Ana Márquez Guerrero, dietista-nutricionista de Nutrisana Educación.

En este sentido, la experta recomienda buscar helados con grasas lácteas de calidad y evitar aquellos que tengan entre sus ingredientes grasas vegetales o hidrogenadas procedentes del aceite de coco o palma. «Es fundamental el tipo de grasa que se utiliza, pues algunas son más saludables que otras. Un auténtico helado debería llevar grasa láctea (entre el 30% y el 40% de grasa saturada). Si no es de origen lácteo, deberían usarse grasas sustitutivas que tuvieran, como mucho, el mismo porcentaje de saturación. Sin embargo, en la práctica, para fabricar helados de grasa no láctea se utilizan grasas vegetales, procedentes del coco, de la palma... Son más baratas, mucho más saturadas y poco aconsejables para nuestra salud», explica la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en su guía de compra de helados.

Los helados pueden tomarse como postre, «siempre y cuando en la misma comida o en la distribución de las comidas del día se incluyan las raciones necesarias de vegetales. Es decir, los helados no pueden sustituir a las frutas nutricionalmente, pero pueden ser una buena alternativa de postre si en el primer plato o en el segundo predomina la presencia de vegetales», señalan los expertos en nutrición autores de «El libro blanco de los helados».

Los helados de agua, como polos y sorbetes, son más refrescantes y menos calóricos, pero su valor nutricional también es más pobre, ya que las calorías provienen básicamente del azúcar que contienen. En el caso de los sorbetes, aunque deben contener al menos un 15% de fruta, no sustituyen a ninguna de las cinco raciones de vegetales que debemos consumir a diario.

Ana Márquez también advierte del error de creer que los helados veganos son más saludables. «Por mucho que lleven fruta, hay que comprobar y tener en cuenta el aporte de azúcares añadidos que llevan. Lo vegano no siempre es igual a más sano», concluye.

Cuando vayamos a comprar un helado, la doctora Ana Zugasti, vocal de comunicación y miembro del grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) recomienda revisar en el etiquetado la cantidad de azúcar tanto en la información nutricional como en la lista de ingredientes, «teniendo en cuenta la recomendación firme de la OMS de una ingesta menor de 50 gramos de azúcares libres al día; y de calorías, limitando la ingesta de aquellos de alta densidad energética (más de 4 kcal/g)».

Helados light o sin azúcar

En el mercado también podemos encontrar helados con el reclamo de que son light, sin azúcar, etc. En estos casos, es aconsejable leer bien la etiqueta «para valorar si el helado sin azúcar tiene mucha cantidad de edulcorantes y si el bajo en grasa tiene un exceso de azúcar o de edulcorantes para hacerlo más agradable en boca», apunta la portavoz de SEEN.

En opinión de Ana Márquez Guerrero, este tipo de reclamos da pie a comer más cantidad del producto. Por eso, en población sana, ella recomendaría optar por el helado normal, buscando ingredientes de calidad y siendo conscientes de que es un producto de consumo ocasional. En el caso de las personas con diabetes, aconseja consultar directamente el etiquetado de los helados con el nutricionista. Por su parte, la OCU advierte en su guía de compra de que los helados sin azúcar y los light apenas tienen diferencias con su versión convencional en lo que a aporte de calorías se refiere, ya que «el azúcar no es el ingrediente que más energía aporta a los helados, sino las grasas, y los productos sin azúcar también suelen llevar».

Yogur helado

El yogur helado llegó hace unos años con el reclamo de ser una alternativa más «saludable» al helado convencional, pero la realidad es que, desde el punto de vista nutricional, con unas 140 calorías por ración, se asemeja más a un helado que a un yogur natural (unas 70 calorías). Un informe de OCU sobre este producto determina que son «un helado que sabe a yogur». «Si los consideramos helado, sus cantidades de azúcar y grasas saturadas no tienen nada de raro. Los que se venden en tiendas especializadas son menos grasos y tienen menos calorías, pero al servirse en raciones mayores que los que se venden en supermercados acaba resultando igual. Todos llevan azúcar y alguno también edulcorantes para mejorar la congelación», señala la OCU en su informe.

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