La piel de los pies es mucho más gruesa que la del resto del cuerpo y es pobre en grasa, por eso se deshidrata con más facilidad. Cuando más deshidratada, menos elástica y más posibilidad de que se formen grietas.

FUENTE: 20 Minutos

A lo largo del verano, debido a llevar los pies descubiertos y andar descalzos, nuestros pues sufren, sobre todo la parte de los talones, una zona especialmente sensible a la deshidratación. Si esta deshidratación no se trata a tiempo, se pueden producir las temidas grietas, que dejan de ser un problema meramente estético para convertirse en un problema de salud, pues pueden picar, escocer, doler e incluso sangrar e infectarse.

¿Por qué se agrietan los talones?

La piel de los pies es distinta a la de resto del cuerpo, pues para poder amortiguar el peso del cuerpo dispone de un número mayor de células adiposas y es mucho más gruesa, hasta 50 veces más si la comparamos con la más fina, que es la del rostro. Además, es pobre en sustancias grasas, lo que provoca que se deshidrate con más facilidad.

Si a sus características sumamos, una mayor fricción y presión y, por ejemplo, andar descalzos, llevar los pies al aire libre o la exposición al sol, como ocurre el verano, la deshidratación se potencia, la piel se vuelve dura y se desgarra con facilidad. Si no tratamos a tiempo esta deshidratación, pueden aparecer las temidas grietas.

Además, hay patologías que potencian la deshidratación de los pies, como diabetes, obesidad, problemas circulatorios o tratamientos agresivos, como la quimioterapia.

¿Cómo tratar los pies agrietados?

Una vez tenemos agrietados los talones, tenemos que observar la magnitud del daño. Es decir, si las grietas sangran, duelen, escuecen o hay signos de infección, hay que acudir al médico, a la farmacia o, mejor aún a un podólogo, las personas especialistas y que mejor saben cuidar la salud de los pies. Él recomendará los productos adecuados y realizará una quiropodia, el tratamiento que consiste en la revisión exhaustiva de los pies y en la eliminación de callosidades, durezas, helomas, fresado de talones, etc.

Ante la presencia de grietas, en ningún caso tenemos que recurrir a la típica lima o piedra pómez para eliminarlas, como advierten desde el Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV), “bajo esta apariencia de lo que consideramos un callo o una zona deshidratada de la piel, puede esconderse alguna patología -como eccemas, psoriasis o tiñas- que haya producido ese exceso de piel en la zona. Si se elimina de forma particular con una de las limas que podemos comprar en cualquier supermercado o farmacia, no solo no se estará solucionando el problema, sino que se podrá agravar. El tratamiento no requiere un limado de la zona, sino la aplicación de ungüentos específicos que traten la dolencia”.

Por suerte, en el mercado existen muchos productos específicos para tratar los talones agrietados, como las cremas a base de urea con una concentración del 10%. Estas cremas suelen ser de tratamiento intensivo y en pocos días, reparar los pies agrietados. Para que el tratamiento sea aún más efectivo, se suele recomendar aplicarlo por la noche y dormir con calcetines unos cuantos días.

Además, existen algunos remedios naturales que pueden ayudar, como aplicar aceites vegetales (oliva, coco, manteca de karité…), pulpa de plátano o limón.

Hidratación, higiene y buen calzado para prevenir

Para que las grietas no se lleguen a producir, tenemos que mantener la hidratación y la elasticidad de la piel de los pies con algunos consejos y cuidados diarios:

  • Hidratar los pies a diario y con cremas específicas. Al tratarse de una piel más gruesa y tendente a la deshidratación, tiene que ser más untuosa. La urea es el ingrediente estrella, pero también ayudan otros, como la glicerina, la vaselina, los aceites y grasas naturales, la miel o el ácido acetilsalicílico.
  • Lavarse bien los pies una vez salgamos de la piscina o la playa y evitar andar descalzos.
  • No lavarse los pies con agua muy caliente ni durante más de 10 minutos.
  • Llevar un calzado adecuado, que no apriete, libre de costuras, con poco tacón, con una buena amortiguación y que no tenga el talón descubierto.
  • Hidratarse también por dentro, bebiendo más de 1,5 litros de agua al día y tomando alimentos ricos en agua, como frutas y verduras.
  • Proteger los pies del sol, nos exponiéndolos demasiado y aplicando crema protectora como en el resto del cuerpo.
  • Evitar el sobrepeso y la obesidad, pues cuanto mayor sea el peso que soportan los pies, mayor será la presión, peor la circulación sanguínea y más fácilmente se deshidratarán.
  • Visitar regularmente al podólogo para que revise nuestros pies, aunque no tengamos aparentemente ningún problema, es la mejor forma de garantizar su salud.
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