Nuestra sangre, y más concretamente el número de glóbulos rojos o los niveles de hemoglobina, puede darnos la clave para saber si padecemos anemia

Desde hace años hay un concepto muy arraigado en la población según el cual la anemia se debe a la falta de hierro. Sin embargo, no todas las anemias se deben a una falta de hierro, sino que este trastorno engloba muchas más causas.

¿Falta de hierro? ¿Acaso el hierro está en la sangre? Efectivamente, pero empecemos por el principio. La anemia es la disminución en el número de glóbulos rojos (hematíes) en la sangre o de los niveles de hemoglobina (Hb) que hay en los hematíes. Por su parte, la hemoglobina es una proteína rica en hierro que proporciona el color rojo característico de la sangre y ayuda a transportar el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo. Por tanto, una persona con anemia tiene dificultad para transportar el oxígeno alrededor del cuerpo, lo que lleva a una serie de síntomas y signos como:

  • Falta de energía
  • Cansancio
  • Piel pálida o amarillenta
  • Taquicardia
  • Dificultad para respirar
  • Fragilidad del cabello y/o uñas

 

Muchas veces podemos confundir algunos de estos síntomas con cansancio por falta de sueño, pero el conjunto de todas ellas puede hacer saltar nuestras alarmas ya que son los síntomas de algo más complejo. Resulta difícil llegar a la conclusión de que podría ser anemia, por lo que consultar con un profesional sanitario lo antes posible es crucial para el diagnóstico.

Si no me falta hierro, ¿entonces qué?

Como ya se ha mencionado, la anemia por falta de hierro (anemia ferropénica) es la más frecuente, especialmente en mujeres jóvenes, embarazadas, niños y adolescentes. Esto puede deberse a una mala absorción de hierro, frecuente en personas con intolerancia al gluten, así como dietas pobres o sin hierro o por periodos menstruales con flujo abundante.

Existen muchos tipos y causas potenciales de la anemia aparte de la anemia ferropénica, como la anemia cianocobalamina, por deficiencia de vitamina B12; la que se genera por deficiencia de vitamina B9 (ácido fólico); la que viene causada por enfermedad crónica (como patologías autoinmunes, insuficiencia renal e infecciones crónicas); la hemolítica, por la que los glóbulos rojos se destruyen antes de los previsto; o la aplásica idiopática, debida a que la médula ósea no produce suficientes células sanguíneas; entre otros tipos.

En resumen, la causa de la disminución de glóbulos rojos se debe fundamentalmente a que:

  • No se producen suficientes hematíes.
  • No maduran correctamente.
  • Se destruyen o pierden a mayor velocidad de la que se producen.

Sin embargo, también puede deberse a la herencia genética como la talasemia (cantidad anormal de hemoglobina) o la anemia drepanocítica (los glóbulos rojos no tienen la forma adecuada y pierden su funcionalidad); por algunas enfermedades crónicas (cáncer, colitis ulcerosa, artritis…), porque los glóbulos rojos desaparecen antes de lo habitual o por determinados medicamentos (algunos antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos…).

Prevención, útil en algunos casos

La prevención de estos episodios depende de la causa, tipo y gravedad de la anemia que la persona haya desarrollado y es por ello por lo que cuando se deben a la carencia de hierro y vitaminas, los cambios en la alimentación son cruciales.

En primer lugar, para mantener los niveles de hierro óptimos se debe tener en cuenta la edad, situación fisiológica y género, ya que, por ejemplo, las necesidades de una adolescente no serán las mismas que las de un anciano.

Asimismo, la biodisponibilidad del hierro también depende de ciertos factores, como el hecho de que el cuerpo no absorbe de la misma forma el hierro de todos los alimentos. Esto se debe a que existen dos formas de hierro: hemo (biodisponible) y no hemo (la biodisponibilidad es baja), esto se traduce en que no todos los alimentos que tienen hierro pueden aportarlo de la misma forma. Los alimentos de origen animal contienen aproximadamente un 60% de hierro no hemo (con baja disponibilidad para nuestro cuerpo) y 40% de hierro hemo (disponible para nuestro cuerpo), mientras que los alimentos de origen vegetal solo tienen hierro no hemo con poca disponibilidad. Generalmente, las dietas mixtas contienen un 10% de hierro hemo y 90% de hierro no hemo.

Existen ciertos alimentos que cuando se combinan con alimentos ricos en hierro, pueden potenciar o inhibir el hierro. Por lo que resulta interesante programar comidas combinadas de ciertos alimentos y así favorecer la cantidad de hierro que se absorbe de la dieta.

Algunos alimentos potenciadores de hierro son:

  • Verduras y cítricos (con vitamina C).
  • Alimentos de origen animal (carnes, pescados y aves).
  • Frutas ácidas.

Mientras que los inhibidores de hierro son:

  • Cereales integrales y legumbres (fitatos).
  • Té, café, vino y algunas frutas (contienen polifenoles).
  • Soja (proteína de origen vegetal).

Lo ideal es combinar en la misma comida alimentos ricos en hierro no hemo con estimulantes y separar los alimentos que contienen inhibidores de la absorción de hierro de las comidas principales.

Por otro lado, cuando la anemia se debe a una falta de vitamina B12, puede deberse a que el cuerpo destruye las propias células del estómago que absorben vitamina B12, bien por una operación del intestino delgado o del estómago, o bien por enfermedades como la celiaquía o la enfermedad de Crohn. Además, también es común en personas con una dieta estrictamente vegetariana, por consumo de alcohol o de ciertos medicamentos. Para obtener las cantidades de vitamina B12 adecuadas se recomienda consumir alimentos ricos en esta vitamina como: hígado, almejas, pescado, carnes, huevos, leche y otros productos lácteos. No obstante, debido a que las personas que siguen una dieta vegetariana estricta no consumen los alimentos mencionados, se podría recomendar un complemento con vitamina B12.

En cambio, para aquellas anemias como la talasemia que es hereditaria, la alimentación no es suficiente y, en ocasiones, son necesarios suplementos nutricionales, medicamentos o cirugías.

Y todo ello teniendo en cuenta que siempre será el médico quien prescriba el tratamiento más adecuado para cada persona y situación, por lo que no se recomiendan los suplementos nutricionales sin prescripción.

 

 

FUENTES:

  1. Anemia. Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).
  2. Anemia. Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéutico.
  3. Anemia. Clínica Universitaria de Navarra.
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