Autora: María Gil

El aumento de la esperanza de vida ha llevado a un envejecimiento de la población y al incremento de las enfermedades no transmisibles, entre las que se incluye la demencia. Debido a que la edad parece ser el principal factor de riesgo de demencia, su avance es imparable, pues todavía no hay disponible ningún fármaco que prevenga o cure la demencia. No obstante, se ha visto que su desarrollo guarda relación con otros factores asociados al estilo de vida, algunos de los cuales son potencialmente modificables. Esto supone que, mediante una estrategia adecuada de salud pública, se podría disminuir el riesgo, retrasar la aparición o ralentizar la progresión de la enfermedad.

El concepto de reserva cognitiva explica por qué algunas personas mantienen una función cognitiva óptima a pesar del envejecimiento o enfermedades como el Alzheimer. Esto es debido a que determinados factores en las etapas previas influyen sobre la función cognitiva en la vejez.

La reserva cognitiva está determinada por factores genéticos y del neurodesarrollo, aunque puede variar según el entorno y la exposición a ciertos factores, como el estilo de vida. Como consecuencia, existe un interés creciente por aquellos hábitos de vida que podrían contribuir de forma positiva en la reserva cognitiva.

Las actividades relacionadas con el aprendizaje de nuevas habilidades, que provocan una fuerte estimulación intelectual y que incluyen elementos de comunicación, se consideran herramientas particularmente efectivas. En concreto, se ha visto que la lectura es uno de los recursos para estimular y mantener la función cognitiva, pues ejercita la concentración, la atención, la memoria y la construcción de imágenes visuales.

En este sentido, son diversos los estudios que han encontrado una asociación positiva entre la lectura y el deterioro cognitivo, observándose mayor frecuencia de deterioro cognitivo cuando el hábito de lectura es poco frecuente o el nivel de vocabulario es bajo.

Además, con la lectura, se ha visto un aumento de la conectividad de nuestro cerebro en áreas relacionadas con el lenguaje y la región sensorial. Esto podría deberse a que es una actividad que requiere de concentración y reflexión. Por este motivo, es importante que la lectura sea comprensiva.

Por tanto, podemos afirmar que la lectura es un factor protector del deterioro cognitivo y que el fomento de la lectura comprensiva podría ser una buena estrategia de prevención primaria de la demencia.

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