El exceso de calor nos envejece. Y no solo porque la huella más visible del sol son los daños en una piel ajada, sino porque en interior del cuerpo el estrés térmico también deja secuelas. Sí, cuando nuestro organismo se ve forzado de forma sistemática a poner en marcha mecanismos contra la subida del mercurio, las células se resienten.
Al menos eso es lo que diversos estudios científicos aseguran que ocurre. ¿Cómo se sabe que vamos a sumar años de vida por cada ola de calor que superamos? Los investigadores echan mano de los "relojes epigenéticos" para medir las marcas con las que se modifica el ADN (o que modifican las histonas, unas proteínas que intervienen en la compactación y organización del genoma alrededor de las cuales se enrolla el ADN), lo que se conoce como epigenoma, se van acumulando conforme envejecemos.
Una investigación publicada en Enviroment Internacional hace dos años fue el primero en emplear las pistas epigenéticas para buscar el impacto del ascenso del mercurio. El equipo de investigadores del Instituto de Epidemiología, Centro Helmholtz de Múnich-Centro Alemán de Investigación para la Salud Ambiental aseguraba abrir camino "al ser el primer estudio sobre los efectos de la temperatura del aire en la aceleración de la edad epigenética".
Entre las conclusiones destacaban cómo esta nueva vía fisiopatológica "podría ser un paso importante en la prevención de los efectos del calor sobre la salud, especialmente para los subgrupos de población susceptibles, sobre todo si se tiene en cuenta el aumento previsto del número de días calurosos y de olas de calor más intensas en tiempos de cambio climático".