La lactancia materna ofrece beneficios demostrados para la salud del bebé y también para la de la madre. La evidencia científica muestra su impacto en la reducción del riesgo de determinadas enfermedades físicas y en el bienestar emocional posparto

Gracias a la regulación hormonal que implica el amamantamiento, la lactancia materna reduce el riesgo de cáncer de mama en un 26% y el de ovario, en un 37%, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ambos porcentajes se suman a una lista larga de beneficios derivados de dar el pecho, que no solo protege la salud del recién nacido, sino también la de la madre.

“Amamantar disminuye el riesgo de diabetes tipo 2 en un 32% en mujeres que han amamantado y especialmente en mujeres con antecedentes de diabetes gestacional”, afirma Rosa Merlos, pediatra, neonatóloga y consultora internacional en Lactancia Materna (IBCLC). La experta añade que no se puede olvidar que la producción de leche consume energía, “lo que puede facilitar la pérdida del peso ganado durante el embarazo”. Además, continúa, “mejora la salud ósea. A largo plazo, puede reducir el riesgo de osteoporosis”.

Por otro lado, dar el pecho favorece la recuperación posparto, ayudando al útero a volver a su tamaño normal y contribuyendo a la pérdida de peso al consumir energía adicional. “Amamantar libera oxitocina, una hormona que ayuda al útero a contraerse y volver a su tamaño normal, reduciendo el sangrado posparto”, subraya la experta.

A pesar de las ventajas señaladas, Celia Padilla, matrona y autora del libro “Oh, la maternidad”, aclara que la decisión de alimentar al bebé con leche materna debe surgir de un “deseo auténtico y personal, nunca como resultado de presiones sociales o expectativas sobre los beneficios que se mencionan frecuentemente”. En este sentido, “lo que a menudo no se dice con igual entusiasmo es que esta leche no es siempre la mejor opción para todas las familias”.

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