La anemia es un problema muy frecuente que tiende a normalizarse. Pero no es, en absoluto, una enfermedad banal. “No es solo una cifra baja en una analítica; es la manifestación de que algo no está funcionando correctamente en el organismo y siempre debe investigarse su causa”, señala Marta Morado, hematóloga experta en Eritropatología y directora médica de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), con motivo del Día Mundial para la Concienciación de la Anemia, que se celebra el 13 de febrero.
Esta patología, que la SEHH califica como “un problema de salud pública global”, se produce por el déficit de una proteína, la hemoglobina, que se encuentra en los glóbulos rojos de la sangre y se encarga de llevar el oxígeno hasta los tejidos, de los que recoge el dióxido de carbono para llevarlo hasta los pulmones y eliminarlo. Se considera que las mujeres con una hemoglobina por debajo de 12 gramos por decilitro y los hombres con cifras inferiores a 13-13,5 gramos por decilitro tienen anemia.
La falta de hierro es la causa más frecuente, pero no la única. También puede estar producida, entre otros múltiples motivos, por la falta de vitamina B12 o de ácido fólico, o bien de forma secundaria a procesos crónicos como la insuficiencia cardiaca, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedad renal crónica o artritis reumatoide.
Personas más afectadas
La anemia es especialmente frecuente en niños pequeños, mujeres en edad fértil, embarazadas y personas mayores. Se estima que hasta el 40% de los niños de entre 6 meses y 4 años, el 37% de las mujeres embarazadas y el 30% de las mujeres de 15 a 49 años presentan anemia a escala mundial. No obstante, también afecta a los hombres, con una frecuencia que oscila entre el 5-6% en gente joven y el 50% en mayores de 80 años.
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