Un estudio vincula las "sustancias químicas persistentes" con la baja densidad ósea en adolescentes

Los PFAS, también conocidos como “tóxicos eternos”, son una de las familias de químicos más utilizadas hoy por la industria. Están presentes en el agua, los alimentos e innumerables productos cotidianos, desde una sartén a productos de maquillaje. Y eso a pesar de que han sido asociados a un mayor riesgo de problemas como distintos cánceres, infertilidad, trastornos tiroideos o inmunitarios.

De hecho, en 2018 se estimó que había en el mercado más de 4.700 sustancias distintas utilizadas en sectores tan diversos como el procesado alimentario, la industria textil o la fabricación de material sanitario.

La exposición temprana a sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), que son muy persistentes, puede influir en el desarrollo óseo de los niños durante la adolescencia, según una nueva investigación publicada en el "Journal of the Endocrine Society".

 

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