Es indiscutible que una alimentación saludable y ejercicio físico regular reducen el riego de desarrollar cáncer. Por suerte, la sociedad está cada vez más concienciada con este hecho, lo que facilita su aplicación. Las recomendaciones nutricionales generales para toda la población engloban evitar los alimentos ricos en grasa, azúcar y sal como por ejemplo embutidos, bollería, bebidas azucaradas, aperitivos fritos, etc.; mientras que en este caso, al tratarse de cáncer, también se debe evitar consumir productos con acrilamida presente en patatas fritas de bolsa, galletas, aceitunas negras, café, alcohol y alimentos quemados, que producen aminas heterocíclicas e hidrocarburos aromáticos policíclicos que pueden resultar mutagénicos, cancerígenos y producir daños en el ADN.
En el caso de que la persona ya haya desarrollado cáncer y esté con tratamiento, surgen dudas al respecto como ¿se pueden revertir los efectos secundarios del tratamiento? O ¿cómo se puede adaptar la dieta a los nuevos requerimientos del cuerpo?
La pérdida de apetito y la consecuente pérdida de peso y masa muscular asociada requiere modificar los hábitos adquiridos. En primer lugar, ampliar el número de comidas al día - incorporando tentempiés por la mañana y tarde e incluso tomar un resopón - preferiblemente 5 o 6 con pequeñas raciones, así como estimular el apetito dando un paseo previo a la comida. Además, se recomienda incorporar la técnica del “plato saludable”, es decir, incluir todos los grupos de alimentos distribuidos de la siguiente manera: un cuarto del plato con proteínas como legumbres, pescado, huevos o carne; el otro cuarto con patata, arroz, pan, pasta y la mitad restante con verduras. Otras técnicas son la incorporación de alimentos blandos para facilitar la masticación y, en caso de estar muy fatigado, preparar batidos con los alimentos. A la hora de organizar las comidas, se recomienda realizar platos únicos completos seleccionando alimentos más sabrosos y calóricos añadiendo, por ejemplo, una cuchara extra de aceite de oliva, queso rallado, salsas saludables, etc. Para hacer los platos más apetecibles, se pueden incorporar alimentos de diferentes colores y texturas. Mejor beber entre horas o en pocas cantidades durante las comidas.
En cuanto a los requerimientos nutricionales, conviene incrementar la necesidad de proteínas distribuidas en la comida y cena incluyendo alimentos como legumbres, huevos, pescado, marisco o carnes magras, incorporar frutos secos o semillas sin sal. En el caso de los lácteos se deben consumir de dos a tres raciones en forma de yogur natural, queso fresco, leche semidesnatada, etc. Si la persona tiene intolerancia se pueden incorporar alternativas sin lactosa, mientras que si se prefieren bebidas vegetales, especialmente si están enriquecidas de vitamina D y calcio, se recomienda consumir de soja (excepto en algunas pacientes con cáncer de mama) por tener un mayor contenido de proteínas respecto a otras opciones como avena, arroz, almendras, etc.
Las recomendaciones adicionales incluyen alimentarse de frutas y verduras manteniendo las 5 raciones diarias -con un mínimo de 3-, con la posibilidad de incorporar también en las ensaladas, en caso de no disponer de frescos, se recomienda consumir las congeladas. Mientras que, en el caso del ejercicio físico, es importante aumentarlo para disminuir la inflamación, mantener la musculatura y la fuerza. Su práctica está asociada a una menor fatiga y ansiedad y mejora de la calidad de vida y autoestima. Por supuesto, debe ajustarse a las limitaciones de cada persona y practicarlo de forma progresiva.
Resulta importante desmitificar algunas creencias populares sobre algunas dietas anticancerígenas o milagrosas. Popularmente se cree que los alimentos ácidos producen cáncer, por lo tanto, algunas personas para evitarlo siguen una dieta opuesta para evitar generar acidez, nada efectivo frente al cáncer. También está la creencia de que la glucosa “alimenta al cáncer” … Sí que es cierto que el consumo de alimentos ricos en azúcares puede producir obesidad y mayor riesgo de varios tipos de cáncer. Asimismo, las dietas ricas en grasas y bajas en carbohidratos (cetogénicas) se cree que previenen el cáncer, pero actualmente la ciencia no ha demostrado su eficacia. De hecho, pueden tener un efecto indeseado en personas con cáncer al provocar reducción de peso y déficits nutricionales. A estas creencias se suman los alimentos milagro o superalimentos como el ajo, té verde, frutos rojos, cúrcuma, etc. que no curan ni eliminan el cáncer. De hecho, cuando se administran sin supervisión, pueden interferir con los tratamientos e incluso ser contraproducentes.
Por este motivo, consultar con un profesional sanitario como es el farmacéutico para resolver las dudas acerca de los cambios que pueden producirse durante el cáncer es fundamental. Por su parte, el farmacéutico asesorará sobre las necesidades alimenticias y cómo integrar los consejos en su día a día.