Turrones, polvorones, comidas copiosas y celebraciones forman parte de las Navidades. Aunque estos excesos son fácilmente compensables cuando se trata de personas sanas, para quienes ya tienen sobrepeso u obesidad, suponen un reto mayor para mantenerse en forma. De hecho, suelen conducir al clásico propósito de enero: cambiar hacia un estilo de vida más sano. Ante esta situación, el farmacéutico comunitario puede tomar partido orientando a las personas a adquirir buenos hábitos como seguir una alimentación saludable y practicar ejercicio físico regularmente, sino que en ciertos casos también se requerirá consejo farmacéutico cuando haya tratamientos farmacológicos acompañando a las medidas tomadas.
Los agonistas del receptor GLP-1, como por ejemplo la liraglutida, la semaglutida y la tirzapatida, son los protagonistas desde que comenzó su comercialización por la pérdida de peso significativa documentada. ¿Cómo actúan? Su efectividad para inducir la pérdida de peso requiere múltiples mecanismos de acción de vías centrales como periféricas. A nivel del sistema nervioso central actúan sobre regiones hipotalámicas y tronco encefálico modulando neurotransmisores como la serotonina y péptidos reguladores del apetito, aumentando la saciedad y reducción de calorías. Además, estimulan la termogénesis en el tejido adiposo marrón y se promueve el tejido adiposo blanco lo que lleva al aumento del gasto energético. A nivel periférico, retrasan el vaciamiento gástrico, prolongando la sensación de saciedad postprandial, mejorando el control glucémico al estimular la secreción de insulina dependiente de la glucosa y suprimiendo la liberación de glucagón.
Otros fármacos que completan el abanico terapéutico son el orlistat y la setmelanotida. Por un lado, el orlistat actúa reduciendo la absorción de grasas, mientras que la setmelanotida -reservado para casos específicos de obesidad con base genética- regula el apetito, la saciedad y el gasto energético.
Los excelentes resultados documentados de los agonistas GLP-1, amplificados por las redes sociales, han generado un interés creciente que a veces supera la indicación clínica real. Esto se debe en gran parte a expectativas poco realistas: la creencia de que “funcionan igual en todos”, que “son una solución permanente” o que “son completamente seguros porque ayudan a muchas personas”. Es importante recordar que, aunque estos fármacos pueden ser efectivos, no sustituyen una alimentación equilibrada ni la actividad física y su uso fuera de indicación puede generar riesgos importantes. Entre los efectos adversos más frecuentes se incluyen náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento; en casos menos comunes, pancreatitis, complicaciones biliares o alteraciones gastrointestinales graves. Además, la pérdida de peso puede revertirse si se interrumpe el tratamiento sin mantener cambios sostenidos en el estilo de vida.
Cada tratamiento requiere una selección individualizada y un seguimiento adecuado, interpretando siempre los resultados dentro de un abordaje integral. El farmacéutico desempeña un papel fundamental en este proceso: aclarar falsas expectativas, reforzar que la obesidad es una enfermedad crónica y ofrecer información rigurosa sobre los tratamientos, ayudando a contextualizar su uso como parte de un plan global de salud.
Tras unas fiestas marcadas por los excesos, enero representa una oportunidad para acompañar a la población en la elección de cambios realistas y sostenibles. La combinación de consejo nutricional riguroso y una correcta información sobre los tratamientos farmacológicos convierte a la farmacia comunitaria en un aliado clave para iniciar un camino hacia mejoras de salud reales y duraderas.