El uso del agua y el masaje ha estado ligado al bienestar durante siglos, pero ahora la ciencia empieza a medir sus efectos reales en el organismo. Un estudio analiza cómo estas experiencias influyen en el estrés, la inflamación y la respuesta fisiológica

El interés por las terapias basadas en el agua, el masaje y los entornos sensoriales ha crecido en los últimos años, no solo desde una perspectiva de bienestar, sino también científica. Comprender cómo estas experiencias influyen en el organismo, especialmente en contextos de estrés es lo que se preguntó un estudio desarrollado por la Universidad de Granada y liderado por Irene Cantarero, catedrática del Departamento de Fisioterapia.

El origen de la investigación está en la colaboración entre la Universidad de Granada y Hammam Al Ándalus, una iniciativa que buscaba fomentar la investigación sobre el uso terapéutico del agua, el masaje y el entorno en el que se aplican. “El valor diferencial del hammam es la combinación de estos elementos, junto con una atmósfera muy particular que nos transporta casi a otra época. Evoca lo que pudieron experimentar las personas hace siglos en los baños árabes, donde ya se entendía que estos espacios tenían un efecto curativo”, ha explicado Manuel Arroyo, doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, en la presentación del trabajo.

En este sentido, recuerda que las civilizaciones árabes recogieron el conocimiento de culturas anteriores y apostaron por la sanación a través de medios físicos, en una época en la que no existían tratamientos como las vacunas: “Había un interés por comprender el cuerpo y la mente, y por analizar qué ocurre cuando una persona se expone a este tipo de experiencias”.

Desde el punto de vista científico, tanto el masaje como el agua cuentan con una base sólida. Como ha detallado el experto, el masaje responde a un comportamiento ancestral. Los primates ya utilizaban el contacto y la presión como forma de cuidado, y en los humanos sigue siendo un recurso instintivo: cuando nos golpeamos, por ejemplo, tendemos a tocarnos la zona. Además de aliviar el dolor, tiene un efecto placentero y analgésico “ampliamente demostrado”.

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