Enero suele traer una mezcla peculiar. Ganas de empezar de nuevo y, al mismo tiempo, miedo a repetir exactamente lo mismo que juraste no hacer. Durante algunos días aparece una claridad poco habitual; luego, la rutina vuelve a tomar el control y muchas de esas intenciones se diluyen entre pendientes, trabajo y cansancio.
En medio de ese vaivén, escribir una carta a tu futuro yo y guardarla para abrir en 2027 no es un ritual ni una forma de expresar deseos al aire. Es una herramienta que te obliga a detenerte, ordenar prioridades y tomar decisiones con perspectiva, cuando todavía estás a tiempo de hacerlo.
Una conversación con tu yo de 2027 que ordena tu mente
Cuando te diriges a tu versión de 2027, tu mente se aleja del ruido diario. Esa distancia funciona como un filtro y te permite observar tu vida como un proceso en construcción, no como una sucesión de urgencias que se pisan entre sí.
Desde ahí, muchas preocupaciones pierden peso y aparecen con más nitidez las preguntas importantes. Qué quieres sostener, qué estás postergando y qué ya no tiene sentido arrastrar. Además, se activa un tipo particular de compromiso. No escribes para convencer a nadie, escribes para ti. Saber que eres el que leerá tus palabras hace que seas más honesto/a, preciso/a y menos indulgente con las excusas.
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