La falta prolongada de luz solar puede influir en el estado de ánimo, la energía y el sueño. Según la Sociedad Española de Psiquiatría, al menos un 90 % de los adultos en España experimenta cambios sutiles en estos aspectos cuando pasan varios días sin apenas luz natural. Aunque en la mayoría de los casos no se trata de un trastorno depresivo, sí puede provocar cansancio, irritabilidad o sensación temporal de desánimo, e incluso empeorar el estado de ánimo en personas que ya padecen algún problema psiquiátrico.
Los periodos de lluvia persistente o cielos cubiertos alteran las rutinas y reducen la exposición a la luz solar, un elemento clave para el equilibrio del organismo. La luz natural interviene en la regulación de la serotonina, un neurotransmisor estrechamente relacionado con el bienestar emocional, y también en el ritmo circadiano, el sistema biológico que organiza los ciclos de sueño y vigilia.
La psiquiatra Soraya Bajat, jefa del servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja y del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, explica que «desde el punto de vista biológico, la disminución de luz natural reduce la producción de serotonina y altera la secreción de melatonina, hormona implicada en el descanso nocturno. La menor exposición solar también influye en la síntesis de vitamina D, cuyo déficit se ha asociado con una mayor presencia de síntomas depresivos. Tras varios días consecutivos sin apenas claridad, el organismo recibe menos estímulos activadores y eso repercute en la energía diaria».
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