La meditación puede ser una aliada de la salud mental, pero empezar no siempre es fácil. Conocer los obstáculos mentales y adoptar hábitos realistas puede marcar la diferencia entre abandonar pronto o integrar esta técnica en tu día a día
La meditación se ha convertido en una herramienta clave para mejorar el bienestar psicológico. Presente en terapias como el mindfulness o la terapia de aceptación y compromiso, su práctica está cada vez más extendida. Sin embargo, empezar no siempre es tan sencillo como parece. El psiquiatra Javier García Campayo, catedrático de la Universidad de Zaragoza, advierte a CuídatePlus de que existen obstáculos habituales, muchos de ellos generados por nuestra propia mente, que dificultan la práctica, especialmente en principiantes.
Según el especialista, estos son los principales frenos durante la meditación y las estrategias más eficaces para afrontarlos:
- Deseo sensual: la mente busca constantemente estímulos agradables o distracciones. “Si no alimentamos ese deseo y volvemos a la respiración, poco a poco irá desapareciendo”, señala.
- Aversión: rechazo a lo que resulta incómodo o desagradable: “La aceptación es el mejor antídoto: observar en qué parte del cuerpo se siente ese malestar ayuda a gestionarlo”.
- Letargo: somnolencia o falta de energía. Para evitarlo, puede ser buena idea abrir ligeramente los ojos o practicar meditación caminando.
- Agitación mental: pensamientos constantes que saltan de un tema a otro. En este sentido, focalizarse en la respiración o contar ciclos respiratorios permite recuperar la atención.
- Duda: cuestionar continuamente si se está haciendo bien o si sirve para algo. “La única forma de reducir la duda es continuar practicando y comprobar sus beneficios”, afirma el experto.
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