Exponerse a unos 30 minutos diarios de quejas se ha asociado con efectos negativos, incluyendo deterioro funcional. Hablamos con expertos para que nos expliquen cómo podemos cambiar esto.

Hay personas que se quejan por todo. Su actitud ante la vida dista mucho de ser positiva u optimista, pero es que esta postura vital tiene repercusiones en el cerebro y no son precisamente buenas. Hay investigaciones que muestran que las quejas repetidas reconfiguran físicamente el cerebro para priorizar el estrés y la negatividad. Se altera incluso físicamente la arquitectura del cerebro, según detalla un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que responde al título Plasticidad neuronal y el impacto de los patrones de pensamiento negativos en la regulación emocional y que ha sido publicado en Stanford Medicine News.

Entonces, la pregunta es clara: ¿se puede reconfigurar nuestro cerebro con negatividad y queja? Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), responde que sí, en parte. “Esto se explica por la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse en función de la experiencia”, añade, mientras que refrenda que diversos estudios, incluidos los difundidos por la Escuela de Medicina de Stanford, muestran que la repetición de pensamientos negativos o quejas fortalece circuitos neuronales asociados al estrés y la detección de amenazas.

 

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