Con distintos patrones de respiración, es posible calmar tu sistema nervioso y preparar tu cuerpo para un descanso reparador. Te enseñamos el paso a paso de estas técnicas sencillas

Tu mente no tiene un interruptor que se apague en cuanto tocas la almohada. Por lo tanto, tras un día lleno de decisiones y tareas, es normal que tu respiración esté agitada y tu cabeza siga repasando pendientes.

Para dormir bien, necesitas darle a tu organismo una señal clara de que la jornada ha terminado y que ya puede relajarse. La respiración es la forma más simple de enviar ese mensaje de seguridad. Al modificar la forma en que inhalas y exhalas, activas el sistema encargado de la recuperación y el descanso. Prueba estos cinco ejercicios para que la transición al sueño sea mucho más suave y natural.

1. Respiración diafragmática o abdominal

La respiración superficial, concentrada en el pecho, mantiene la sensación de alerta. En cambio, practicar una respiración abdominal reduce la tensión, sobre todo en los hombros y el cuello.

  1. Túmbate boca arriba y coloca una mano sobre tu vientre.
  2. Inhala lento por la nariz buscando que tu mano se eleve mientras el abdomen se infla.
  3. Exhala despacio por la boca o la nariz sintiendo cómo el vientre baja.
  4. Repite este ciclo 10 veces, concentrándote solo en el movimiento de tu mano.

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