Tu mente no tiene un interruptor que se apague en cuanto tocas la almohada. Por lo tanto, tras un día lleno de decisiones y tareas, es normal que tu respiración esté agitada y tu cabeza siga repasando pendientes.
Para dormir bien, necesitas darle a tu organismo una señal clara de que la jornada ha terminado y que ya puede relajarse. La respiración es la forma más simple de enviar ese mensaje de seguridad. Al modificar la forma en que inhalas y exhalas, activas el sistema encargado de la recuperación y el descanso. Prueba estos cinco ejercicios para que la transición al sueño sea mucho más suave y natural.
1. Respiración diafragmática o abdominal
La respiración superficial, concentrada en el pecho, mantiene la sensación de alerta. En cambio, practicar una respiración abdominal reduce la tensión, sobre todo en los hombros y el cuello.
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